Baker Mayfield, ese caballero descarado

Cinta de pelo blanca a juego con la camiseta, Baker cruzaba el campo con una bandera roja en cuyo centro se encontraban las iniciales de la universidad de Oklahoma. Los sooners acababan de asaltar Ohio State, y sin ningún tipo de vergüenza ni sensibilidad, hería a sus rivales en el orgullo al clavar la bandera de la conquista en el corazón de su fortaleza. El terreno que pisaban sus botas le pertenecía, se lo había ganado con una actuación brutal de 386 yardas de pase para un total de 3 TD. Un encuentro para el álbum de los recuerdos de un caballero descarado y bien armado.

ANÁLISIS

Un brazo con el que puede lanzar balones profundos, a media distancia o cortos con precisión de cirujano, no tiene precio. Se entrena pero tiene algo de don natural.

La exactitud con la que es capaz de colocar el balón, hasta cuando sale a un lateral obligado por la presión, no es algo que se vea todos los días. Sus receptores disfrutan y explotan su talento gracias a unos pases milimétricos.

La facilidad que tiene para jugar al fútbol americano es una cualidad rara y valiosa, y es gracias a ella que todo lo que hace parece resultar sencillo a ojos del aficionado. Puede que hasta para los expertos.

Cierto es que su talla no acompaña para que la NFL decida apostar por él antes que por otros compañeros de su promoción, pero cuidado con los locos bajitos, (ojo a lo de bajito que mide casi 1’85), que al final, si eres un jugón, la estatura importa solo hasta cierto punto.

Precisamente, esa talla que tantas dudas genera en los general mánager del siguiente nivel, es la que, unido a su peso, le permite tener un centro de gravedad más bajo con el que se maneja a la perfección para sortear los sacks. Su habilidad para anticiparse al contacto le permite ganar yardas en jugadas con perdida para el resto. Un escapista en toda regla.

CAMINO HASTA OKLAHOMA Y LO QUE VIENE

Sangre texana pero un corazón que bombea pasión sooner. Desde la cuna era un poco de Oklahoma aunque naciese en Austin.

Sus padres, debido a relaciones de amistad con entrenadores y jugadores de la universidad de Oklahoma, son tremendos devotos de su equipo, por lo que su hijo, siguiendo con la tradición familiar, se unió a los colores rojo y blanco. Su sueño estaba allí y lo acabo cumpliendo. Solo un alto en el camino por Texas Tech, que termino tras una relación rota y conflictiva con su entrenador, impidió que su carrera colegial se iniciase en Oklahoma, donde fue a recalar tras este breve rodeo.

Competencia sana, pero competencia al fin y al cabo, era lo que le esperaba en una de los grandes programas de fútbol americano. 4 QB más peleaban por ser el elegido, el titular que se llevase las ovaciones, el líder que comandase a los suyos hasta el título. Complicado se avecinaba que aquel muchacho de pelo oscuro y rostro blanco se alzase como el vencedor en tal justa, pero contra todo pronóstico, acabo ocurriendo de tal modo.

La pugna se saldó con el número 6 dirigiendo. Proyectando pases e ilusión, cada vez en mayor medida. Primer año en Oklahoma y ya demostrando por qué había destacado en el instituto y Texas Tech. Tenía madera de QB estrella. Tenía clase como para pensar que aquel no era su tope.

En 2015 y 2016 lo bordó, siendo incluido en su tercer año entre los cinco finalistas al trofeo Heisman, pero sin poder llevar a Oklahoma hasta la contienda por el gran título, algo que si espera poder realizar en el que, se presupone, su último año antes de dar el salto a la NFL.

Mayfield es un QB extraordinario. Un gran jugador capaz de hacer cosas que parecen impensables para la mayoría, pero que a él parecen resultarle no solo normales, si no asequibles dentro del enorme potencial que contiene en su cuerpo.

Por ahora, se encuentra en misión de altos vuelos, intentando que Oklahoma, un equipo que depende de su jerarquía, pueda pensar en derrotar en batalla singular a los gallos del corral como Alabama o Clemson, pero que no se nos olvide que, lo logre o no, su carrera continuará en la NFL. Merece al menos la oportunidad. Y la conseguirá. Es descarado y valiente. Ya se las apañará para sacarse algún truco de la manga y demostrar que no es solo irreverente y mágico, también serio y aplicado en la élite de este deporte tan duro que es el fútbol americano.

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