Bryce Love no está en el aire, está en Stanford

Pocos son los que desconocen el nombre de Stanford. Por lo menos al escuchar sus ocho letras suena, aunque no se acabe dando con la respuesta. Y es que hablamos de una de las universidades más prestigiosas del planeta Tierra.

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Grandes abogados, empresarios e ingenieros han salido de sus aulas con un abanico de posibilidades donde innovar y reflejar que la fama de su escuela es justificada, pero no solo ellos, también pediatras como a Bryce Love le hubiera gustado ser de no entrometerse el fútbol americano en su camino.

El resplandeciente sol de Palo Alto, California, es el lugar idóneo para que un chico aplicado e inteligente decida aventurarse en la ardua tarea de ser un profesional cualificado, tanto en el deporte como en su especialidad académica. El perfecto estudiante. Un ejemplo modélico que devora libros y aprueba exámenes con esfuerzo y afán de superación, mismos dos puntales que aplica en el terreno de juego para defender los colores de su universidad junto a sus compañeros en el equipo de football.

Stanford es una gran universidad a nivel académico, pero en lo que se refiere a lo atlético, es casi tan potente. Su programa de fútbol americano es de los mejores del país, y como no, Bryce, al que no le asusta destacar, actúa como su RB titular.

Bryce es una bala. Casi me atrevería a decir que en su caso esta frase tiene poco de metafórico, pues su velocidad es irreal. En sus tiempos de adolescencia ya se destacaba como un formidable sprinter, capaz de correr, con apenas 13 años, por debajo de los once segundos en 100 metros (10’7). Acelerar tu cuerpo hasta tal punto está al alcance de muy pocos, y prueba de ello la tenemos en que parar el crono por debajo de esa marca es algo que muy pocos profesionales de este deporte pueden conseguir en su máximo desarrollo.

Su agilidad y explosividad le permiten ser una bomba de relojería, que de sortear la primera línea y encontrar campo abierto, ya no se puede detener hasta la end zone enemiga. Su mayor inconveniente es la talla que presenta (1’79). Love no es un RB de envergadura, pero ello lo contrasta con trabajo en el gimnasio y una musculatura compacta que le permite soportar el contacto a pesar de no contar con ese físico privilegiado que si tienen algunos de sus compañeros de posición.

Love está en todos los lados, casi como decía la mítica canción de John Paul Young, y aparece sin previo aviso en la end zone enemiga con su eléctrica zancada. No le esperas tan pronto pero recorre todo el campo en un instante para acudir a su cita con el TD. Yarda a yarda enamora al público.

No se ablanda en la carrera por el centro para dividir la línea y encontrar el hueco, ni tampoco lo hace una vez recibe el tackle. Empuja y empuja hasta que sus pies y torso dicen basta. Además, sus movimientos laterales son la envidia de muchos.

Es una amenaza terrestre de esas que, si tiene el día, no sabes bien como detener, pero a ello le suma su disponibilidad como receptor. Manos ágiles y un sensacional compañero para las Play action. En el engaño y sin marca te hace un traje.

La competencia que mantenía con McCaffrey (actual jugador de los Panthers), le privaba de un número de oportunidades semejantes a las de otros running back estrella. Ahora, sin su compañía en la banda, contará con todo el centro de atención y las carreras de mayor impacto en el juego. Pero claro, también ha de cubrir su baja, algo que creo que hace con creces, pues no es un secundario, es un titular, y si no, pueden ver algunas de estas estadísticas tan interesantes que refleja Pro Football Focus en lo referente a 2016.

 
Bryce Love se ha destapado como un corredor explosivo, con esa habilidad para dinamitar un partido, y ello le vale un hueco entre los grandes RB de la liga universitaria. Love es un atleta inmenso y un estudiante del mismo calibre. Una persona que siempre quiere más y no deja de alimentar sus ganas de mejoría. Los Cardinals tienen suerte por contar con su talento en su equipo. No brilla con su mera presencia, pero su gen competitivo y sus pies danzarines y veloces pueden levantar todo un estadio en menos de once segundos. Atentos a su progresión, pues no creo que se detenga en la NCAA.

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