Josh Jackson, líder de los hokies, bendecido por Brady y precedido por Vick.

La vista en el horizonte, el brazo tenso, las piernas activadas y la presión en su pañuelo, ahí la deja todo el partido.

Josh Jackson dirigía la ofensiva de los Hokies ante West Virginia, y por primera vez desde 1999, era un rookie el encargado de tan importante cometido. Desde Michael Vick, ningún QB freshman de Virginia Tech había iniciado de titular la temporada, pero ahí estaba Josh, sin miedo, con el casco puesto y preparado para ganar.

Horas antes de iniciar su etapa universitaria sobre el terreno de juego, el mismo Tom Brady, héroe y capitán de los todopoderosos Patriots, descolgó su teléfono y marcó el prefijo y número de Josh, seguramente para desearle suerte en su estreno, aunque eso es algo que solo ellos dos saben. Una llamada que significaba algo. Una estrella que daba su bendición a otra que quiere serlo. Unas palabras de aliento en la que podía ser su primera gran noche de una larga lista.

Abrumador el ruido de los feligreses congregados en esa parroquia ocasional que, en reiteradas ocasiones, parece un estadio de fútbol. Josh Jackson tenía que haber sentido todo ese alboroto. Tendrían que haberle pesado más las piernas y rechinando los dientes. Tendría que haber sentido el pánico al salir por el túnel y ver aquella masa esperando a que triunfase o cayese estrepitosamente. Amor y odio, pero sobre todo expectación y euforia.

¿Qué se le pasaría por la cabeza al ver aquello? Huir no, eso desde luego. Número 17 a la espalda, lideró a los suyos hasta la victoria, y encima, con una aportación muy destacada de 235 yardas de pase, 101 de carrera y 2 TD. Bendito estreno para los Hokies. West Virginia lo intentó todo, pero siempre fue un paso por detrás.

Josh Jackson cargó con el peso de la ofensiva, y sobre sus hombros maltrechos por los golpes de la defensa enemiga, sostuvo la diferencia hasta el pitido final. Se estrenaba en la NCAA y lo hacía a lo grande.

La serenidad y el fútbol le vienen de familia, pues su padre, Fred Jackson, ya fue jugador, quarterback para ser más exactos, y ahora es entrenador de RB en la universidad de Michigan.

Josh tuvo el balón en sus manos desde bien pequeño y aquello le permitió familiarizarse rápidamente con su textura, su tamaño, su vuelo, su agarre…etc. Josh se destacó por encima de los niños de su edad en cuanto se le presento la ocasión. Su padre comentaba en Raonoke.com, que a la edad de 8 o 9 años, ya veía como su hijo lanzaba el balón de una manera que no podían hacer el resto.

Criado entre camisetas y protectores de fútbol americano, fue progresando en sus cualidades, siempre con una base de trabajo eficaz y coherente, mientras, los pretendientes se le acercaban para observar de cerca su potencial.
En el instituto cerró su etapa como recruit de tres estrellas (según 247sports), por lo que fueron varias las ofertas que recibió hasta que VA Tech concretó su fichaje.

La oportunidad de competir en la universidad, y además, en un equipo competitivo, no le había llegado por casualidad, pero no debía dejar de esforzarse. Sus nuevos entrenadores pronto destacaron su facilidad para aprender todo aquello que pretendían enseñarle, incluso notaron mejoría en facetas de su juego en los meses que estudiaron y analizaron sus capacidades. Josh quería liderar el ataque desde el principio y siguió cada uno de los consejos que le brindaron para mejorar y obtener la recompensa que tanto ansiaba.

Consciente ya de su titularidad, no dudó en despuntar. La presión no existió para él durante el tiempo de juego. Inteligente leyendo la defensa enemiga, valiente y ágil al correr y dispuesto a dejarse pisar si con ello los suyos acababan imponiéndose, como así sucedió. Incluso arriesgó más de la cuenta en determinados momentos, un error propio de cualquier joven confiado.

Josh es joven e inexperto, aún tiene mucho camino que recorrer y piedras que sortear, pero la base la tiene. Salir y conducir a los tuyos a la victoria en tu primera campaña no es fácil. No es una tarea que cualquiera esté preparado para cumplimentar con éxito. Hay muchos buenos QB, pero no tantos que tengan el aplomo necesario para bajar la cabeza, escuchar sus pensamientos en milésimas de segundo con miles de personas coreando cánticos y contagiándose su entusiasmo entre sí, preparar la jugada y celebrar solo una vez acabe el trabajo, siempre y cuando esté bien hecho.

Josh Jackson tiene todo esto, y aunque no sabemos demasiado de él, estoy seguro que no defraudará. Tenemos toda una campaña por delante para comprobar si lo de ayer fue un simple espejismo, o la bendición de Brady es una señal definitiva. Espero no equivocarme, que sea un buen año para los Hokies y que Jackson mejore con cada partido, pues tiene muchas puntos esperanzadores pero otros a pulir, como cualquiera, sin embargo, Josh es listo y lo sabe. Sabe que es bueno pero que tiene que mejorar. Que hay muchos por delante suyo. Que tiene que seguir creciendo. Que puede seguir creciendo. Todo a su tiempo llegará. Por ahora, solo está clara una cosa, está preparado para liderar VA Tech.

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