Warholm “Thor” y la medalla inaudita

La sinfonía de carros de fuego sonaba en mi cabeza al ritmo que la cámara lenta aparecía en pantalla y el noruego Karsten Warholm cruzaba la meta, otra vez, en primera posición. Ese cuello estirado hacia tras me recordaba a Eric Liddell en una película histórica.

El estadio londinense había presenciado una de las mayores sorpresas de los últimos años en una pista de atletismo, e incluso, los que teníamos la oportunidad de ver la repetición desde nuestras casas, no dábamos crédito a lo ocurrido.

Quien nos diría que el mundo estaría tan loco como para presenciar tal gesta en los días que corren. En la pista mandan los negros. Al menos hasta el ochocientos. Las pruebas de velocidad “no son” para blancos y menos para un nórdico. Las estadísticas así lo reflejan. Últimamente, el Caribe, Jamaica a la cabeza, y Estados Unidos, con algún que otro intruso generalmente de origen africano, se reparten las preseas en las pruebas de máxima aceleración, y claro, ver entrar a un ex decatleta, expresivo como pocos, de procedencia Noruega, no entraba en los planes de casi nadie.

Las condiciones meteorológicas ya anticipaban que no era un día cualquiera. No iba a ser una tarde corriente y no lo fue. Desde la salida del 400 metros vallas masculino, Warholm, se mostró valiente. Arriesgó en los primeros metros y sorteó cada una de las vallas de forma elegante. Parecía sostenerse en el aire al paso de cada obstáculo pero ello no le impidió marchar en primera posición hasta la recta final.

Los galgos que le acechaban no iban a dar su brazo a torcer, sin embargo, en un alarde de fuerza y corazón, las piernas de Warholm aguantaron el envite de los colosos. Su cara de felicidad e incredulidad al culminar la carrera lo decía todo, ni él mismo creía lo que acababa de pasar. Menudo escándalo.

En un mundial sin grandes marcas, dentro de la velocidad en estado puro, lo que hacía falta era alguna sorpresa que pusiese en alerta a los favoritos y diese a las plumas de los articulistas deportivos un nuevo cáliz de agua potable para beber textos hasta saciar. Warholm es una excepción en un cuento sin demasiadas excepciones. Thor, reencarnado en un joven de 21 años, bajando a la Tierra con una medalla de oro en vez de martillo.

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